Nos mueve la inhumación directa al suelo y volver a la tierra compostando el cuerpo humano fallecido

Vivimos en una sociedad que da la espalda a la muerte, que la evita a toda costa a pesar de que morir sea una característica del vivir.

Con ello además se ha olvidado la sabiduría ancestral y el vínculo que mantienen la vida y la muerte en la naturaleza.

Pero tras la muerte de cualquier ser humano hay un grupo familiar, de amistades, de entorno que necesita despedir u homenajear lo compartido en una vida más larga o más corta, però intensa en cualquier caso siempre.

Aprender sobre la muerte para vivir mejor

El funeral es precisamente el ritual que permite de forma íntima y emotiva despedir a un ser querido. Sin embargo, esta despedida en las últimas décadas se ha transferido su organización a empresas.

Los funerales son a menudo impersonales y hay un profundo desconocimiento de todo lo relacionado con los tratamientos post mortem.

En nuestra sociedad moderna, hemos sorteado la palabra “fallecido” hasta convertirla en tabú, y eso junto con una legislación de sanidad mortuoria anticuada ha convertido el proceso funerario en una actividad que daña el medio ambiente.

Bajo una cultura basada en “sacarnos el muerto de encima” lo antes posible y a cualquier precio, la industria funeraria provoca un notable impacto ambiental e impide cualquier avance de nuevos tratamientos post mortem como el entierro directo a tierra sin ataúd o el compostaje humano.

Estas actividades se anuncian en la Agenda de la Entidad

Taller formativo compostaje del cuerpo humano fallecido